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agosto 11, 2005

Hijos de la resistencia.

Pasando por el hilo que delimita un milenio, los hijos de la resistencia seguimos anhelando las raíces que nos dieron este nombre.

Olvidamos los momentos de confort que se han llegado a vivir, para recordar que somos hijos, sin quererlo, de la crisis, de la maldita, pinche, jodida y puta crisis que es la que no hace ser, en gran parte, hijos de la resistencia.

Pasaron los 80s que nos vieron nacer, y crecer un poco con esa línea de no olvidar lo olvidado y de aguatar lo inaguantable. Las posturas son variadas, viviendas a un lado de tiraderos de basura entradas en plena ciudad revolucionada, paseos nostálgicos ceremoniosos y melancólicos así como respetuosos al panteón a visitar a un muerto que no fue mi muerto de época, sin embargo traza parte importante de mi cosmovisión, caminatas nocturnas en estaciones del metro con la incertidumbre latente que amenazaba explotar un día en violencia en esta ciudad, y la partida inevitable de un terruño que cada día, a la distancia, resisto por hacerlo cada vez mas mió.

La buena vida de los 90s llegaron con una tela de seguridad delgada como el hilo de una telaraña, con una inevitable destrucción que se da a mediados de esta década, olvidando los tiraderos de basura con camiones rotulados al frente con el apodo de “el gallo”, y se vino el mundo de plástico y la mentira, en donde estuvimos inmersos algún y tiempo.

Los aprendizajes de la vida fueron crudos, y la sensibilidad del contexto de la vida formó sus bases. Los amores, desamores, innumerables e incontables, dejaron su escuela en el interior de las almas, amistades, situaciones de estruendo de tripas, caminatas "inllegables" al destino con el calor de los pies casi tocando el suelo, así pasaron los 90s, era de cambio, de transformación…

El hilo de estos milenios se rompió, y así llegamos al nuevo, viejo e incontable tiempo en donde hoy escribo.

La resistencia se convierte en orgullo, en necesidad por no traicionar todo eso que uno ha vivido, que es, que le da las bases por ser, por estar, por seguir. Esa base imborrable de las raíces, esas raíces que cada momento que te vez al espejo, te recuerda quien eres, de donde vienes, y que no te puedes traicionar.

Las crisis económicas, morales, familiares, personales, sentimentales, culturales, sociales y generales, me dictaron ir al sur, al sur de algún lugar de tu mundo, quizás al norte de Panamá, o l norte de Argentina, pero hoy, el Sur de México me llamo para pedirme cuentas. Y así, como hijo de la resistencia, salí a resistir, a toparme con gente intocable por otros, a demostrarme a mi mismo, que podía, que quería, y que sabia que al verme al espejo, solo reflejaba lo que todos en cada momento de mi vida me han dejado.

Aguantando el sol, el hambre, la inseguridad propia de una frontera, el viaje y el agua de un país desconocido y el calor de los mismos desconocidos como la gente, piquetes de mosco que en casa no hubiera recibido, el trip que en algún momento soñé, y que hoy puedo vislumbrar a los demás, sin decir todo, porque hay cosas que no se dicen, me dijo un maestro, y así, mediar cada días mas, la vida que quiero tener, sin olvidad nunca, que somos hijos de las crisis, y por lo tanto, en este México, soy un hijo de la resistencia…
Desde el terruño mas intimo de mi persona... (El DF)