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marzo 27, 2006

Los Pájaros de la Coincidencia.

Un concierto excepcional, con 150 mil asistentes en un marco espectacular.

La bandera mexicana ondeando a todo su esplendor en la estructura dirigida al cielo, de cualquier lugar vista, parecía flotando en el espacio. La catedral metropolitana con el cargo de telón de fondo, iluminada sutilmente y cuidadosamente por tenues toques de luz mostrando las sombras y su esplendor. La plancha del Zócalo capitalino sosteniendo, una vez mas, el encuentro de seres, entes, almas y sueños esperando unirse a un tono, el tono de la música, la magia, la alegría y la hermandad.

El sueño se hizo realidad al escuchar las primeras notas del chequeo de sonido, la 1 de la tarde era una hora estupenda para ir viendo, de a poco, como se formaba ese barco grande de la atención a uno mismo.

La lluvia hace su aparición y refresca los calores provocados por la aglomeración de la banda unida palmo a palmo, peleando y compartiendo un espacio por estar en un buen lugar, por participar y unirse a ese rito que se llaman conciertos de rock.

Cinco treinta de la tarde. Los Estrambóticos calientan el ambiente por un tiempo, mientras las expectativas de la afluencia de gente se dudaban. Pasadas las seis de la tarde Panteón Rococó calienta las piernas, los gritos, sudores y vapores emanan de la gran plancha en dirección al cielo, unos dicen que fue vapor del agua que había caído, otros dicen que fueron lamentos, otros, que fueron sueños dirigidos al cielo que por fin pudieron salir, a mi me parece que fué un compendio de todo eso, y algo más, una realidad quizás.

Pato de la Maldita Vecindad dirige unas palabras a la banda en pro al agua, a la no privatización y al movimiento zapatista. Anuncia una sorpresa para los asistentes, antes del evento esperado.

Un palomazo armado por Café Tacuba. Y la locura inesperada en el Zócalo. Unas palabras, una petición al cielo y un performance de agradecimiento al vital líquido preparan el punto culminante.

Manu Chao se presenta con la grabación del Ezeta donde se pide, se explica y se exige lo que se necesita. Las 150 mil personas gritan, levantan los brazos y se comienza a sentir la magnitud del evento. Volteas para donde sea y lo único que se ve es gente. Toca durante dos horas y media. Se despide una y otra vez y la gente lo llama vez tras vez que se despide para que se quede. Por fin, a las diez con cinco de la noche, salen del escenario y se pone música de fondo.

Canciones conocidas por muchos, desconocidas para algunos, pero lo que realmente lleno la noche, fue esa vibra que pocas veces se siente en la vida. Hermandad, compañerismo, comprensión, paz, amor, solidaridad, igualdad, enseñanza y aprendizaje, sentido propositivo, confianza y esperanza...

El dia en que los pajaros de la casualidad se postraron en mis hombros, volaron a otros y estuvieron de vuelta.

"Última estación: E S P E R A N Z A !!!!!!!!! Av. de la Paz"